lunes, 15 de julio de 2013

Recuerdos


      La luz invadía el bosque y el corazón inmiscuido en el trinar de los zorzales y otras aves silvestres. La voz de las aguas deshojaba los campos vastos que recorrían mis pasos minuciosos y a veces prestos a detenerse en los peñascos difusos… Oí los versos de aquel trovador invisible que apaciguó las montañas y los seres que habitaban esas tierras obscuras. El sabor de aquel perfume trastocó las guirnaldas de flores que enlazaban los dedos de mi amada. Mi voz se mezclaba con el canto que una boca acariciaba con ternura; las enredaderas caían desde las nubes, sobre los cabellos de lxs caminantes perdidxs. Cogí el papel y el lápiz tinta para trazar el cielo azul y sus senderos en la materia viva que sostendría esta creación durante un tiempo, mientras la lluvia descendía por mi rostro y los árboles derramaban sus hojas  desde las alturas.
        Aún retengo en la memoria las vértebras de esos versos que trocaron mi corazón en elegía.